A fines del siglo XVIII, había en Francia propiedades inmensas. Pertenecían a las iglesias y abadías, a la corona, a los nobles de alto rango y a los señores poderosos.

Los sectores privilegiados poseían el 80% de los bosques, praderas, lagos e inmensos territorios, de los cuales sólo un 15% eran tierras cultivadas. Al costado de ellos estaban las pequeñas propiedades cedidas por ellos en usufructo al Tercer Estado, que eran los agricultores, los burgueses ricos y los campesinos.

Las tierras de la Iglesia eran inalienables, por lo cual tendían a crecer siempre en volumen. Las de la corona, inalienables también en teoría, en realidad se negociaban a los nobles y éstos a su vez las entregaban en concesión.

Los territorios de los privilegiados, inexplotados en su mayor parte, no soportaban ninguna carga impositiva pesada. Por el contrario, los de las tierras cedidas, estaban llenos de tasas, derechos, impuestos y cargas eclesiásticas, señoriales y del reino. Esto constituía la renta principal de los sectores de privilegio.

"No hay señor sin tierra, y no hay tierra sin señor".

Tal era la frase que dominaba el criterio de la propiedad a lo largo de toda Francia. Estas eran las propiedades directas, que en oposición a la propiedad útil (el derecho de usufructo que tenían los campesinos) se caracterizaba por ser una propiedad de "mainmorte" (mano muerta): no podía ser cedida por el usufructuario y siempre volvía al poder del señor. Esto se mantuvo estrictamente en el Franche-Comté, Nivernais y Bourbonais. En otras zonas se fue liberando y se permitían las ventas del usufructo, o sea de la propiedad útil, pero pagando fuertes impuestos a la mutación, y guardando el señor el derecho de primera compra o preeminencia.

En las zonas fértiles, como Alsacia, Flandres, el Bearn, el campesino pequeño propietario vivía en condiciones miserables: apenas lo necesario para subsistir. Las cargas impositivas (el diezmo eclesiástico, la taille, o talla, que se pagaba a la corona, junto con la gabela, o impuesto a la sal, los impuestos señoriales, como el censo, las corveas, o sea el trabajo gratis para el señor, las banalidades, etc.) lo ahogaban, no dejándole más que los recursos básicos.

Por otro lado, estaban los cultivadores no propietarios, que rentaban la tierra a un precio fijo y por un tiempo determinado. Estos estaban sujetos a su trabajo personal como subsistencia, pues si por algún motivo no podían cultivar y cumplir con el pago de la renta eran desalojados. Y por útimo, los medieros o aparceros, (metayers),(que rentaban un campo mediante un contrato de explotación en el que compartían con el cedente el 50% de los frutos de la producción. En el sur de Francia, (País Vasco, Aquitania, Auvergne) los metayers son la mayor parte de la producción agrícola.

En el medio del propietario directo y los agricultores o aparceros, había una serie de intermediarios: burgueses ricos que compraban los derechos de usufructo de las tierras y las sub-alquilaban, y se hacían pagar con creces su inversión. Especialmente en el centro de Francia, el Berry, la Picardie, y, en fin, en todas las zonas fértiles, se crea una nueva burguesía de capitalistas agrícolas que viven a expensas del campesino. Los campesinos eran los sirvientes de los grandes señores y tenían que trabajar gratuitamente en la construcción de monumentos y palacios, cuando eran requeridos. Los mercaderes o artesanos que no poseen tierras y viven en las ciudades, también viven miserablemente. Algunos agricultores arruinados quedan abandonados al vagabundeo y a la mendicidad, lo que genera el robo y el pillaje. El principal recurso de subsistencia es la vida agrícola, durante todo el Ancien Régime.

LOS DERECHOS REALES, SEÑORIALES Y ECLESIASTICOS (Los Impuestos):

Se podría decir que todo este sistema hunde al 90% de la población en condiciones de necesidad por causa de cómo está conformado el sistema mismo.

Los sectores privilegiados están exentos de impuestos, al menos de los más importantes, pero cobran a los campesinos los más que pueden. Lo cual mantiene al campesinado siempre en la extrema pobreza y los mantiene a ellos en poder de los mayores capitales.

El Tercer Estado, o sea el 98% de la población, paga todos los impuestos. Estos son:

Los Derechos Reales:

1) La Taille, o Talla. Este es el principal impuesto directo que cobra la corona, y se calcula de acuerdo a los ingresos de las familias. Entre los campesinos, el promedio era de 10 libras anuales por hogar, y el promedio de ingresos de un hogar 30 libras anuales. Los nobles y el clero estaban exentos de este impuesto. En 1680 se establece la Ferme Génerale, que da a contratistas particulares la recaudación de la talla.

2) La Capitación (Capitation): Es otro impuesto directo que se cobra por cabeza, por individuo, y no por hogares, y es proporcional a los ingresos personales. Este impuesto se pone en 1695, y lo pagan también los nobles y el clero. Sin embargo, éstos pueden conseguir la exención pagando una suma importante de una sola vez. El resto de la población tenía que aguantarlo toda la vida.

3) El Vigésimo (Le Vingtième): Impuesto directo recaudado sobre las rentas, el 5% de los ingresos. Lo pagaban también los nobles.

4) Las Aides (Las ayudas): Este es un impuesto indirecto que se cobraba a todo nivel de clase social sobre bienes y servicios. Fue puesto en 1360 como impuesto provisorio y jamás se derogó. En 1680 lo recaudaban las Fermés Genérales.

5) La Gabela (La Gabelle): O el impuesto a la sal. Ya venía de la época de la Francia del Imperio Romano. Era un impuesto muy conocido entre los romanos, pues la sal era una moneda de cambio; se pagaban los salarios, en sal, por eso salarios. Se pone como provisorio en 1246 y en 1340 queda permanente. Se ejercía un cobro coercitivo, con allanamiento de domicilios incluído. (Ver en más detalle).

6) La Corvea Real (La Corvée Royale): Era una obligación para los campesinos trabajar gratis en las rutas o caminos reales.

7) El Franco Feudo (Le Franc-Fief): Este impuesto sólo lo pagaban quienes no eran nobles. Se pagaba cada 20 años, y comprendía la compensación del monto de amortización del campo, o sea el monto de desvalorización. Se cobraba sobre tierras cedidas por el Rey.

8) El Ultimo Centimo (Le Centième Denier): Era el 1% de todas las transacciones fiscales o comerciales.

Los Derechos Señoriales:

1) El Censo (Le Cens): Impuesto anual perpetuo que se pagaba sobre la propiedad territorial. Impuesto de servidumbre, o de vasallaje. Si bien no era importante en monto de dinero, era la marca perpetua del carácter de servidumbre hacia el señor.

2) Le Champart: (Su traducción sería algo así como "terrazgo" o "terrada"): Oscilaba entre 1/6 a 1/12 del fruto de la cosecha, que se le debía rendir al señor al fin de cada cultivo.

3) Lods et Ventes: Son los "impuestos de mutación" que cobraba el señor cuando permitía vender el derecho de usufructo del mismo. Oscilaba entre un 12% a un 20% del valor territorial.

4) Las banalidades (Les Banalités): Son los derechos percibidos por los señores cuando los campesinos usaban sus molinos, hornos, o prensas para uvas. Se pagaba en un 20% de lo molido, horneado o prensado. Había obligación de usar sólo los equipos del señor.

5) La Corvea Señorial (La Corvée Seigneuriale): Es la obligación que tenían los campesinos de trabajar gratis en la construcción de caminos señoriales o cualquier obra de mantenimiento o construcción en el castillo del señor.

6) Derecho de Caza (Le Droit de Chasser): <(Ver barra lateral izquierda en esta página).

7) Derechos de peaje y tránsito: Se pagaban a los señores de la tierra por transitar caminos o cruzar puentes.

Los Derechos Eclesiásticos:

La Iglesia cobraba el Diezmo (Le Dîme), que era un 10% de la producción agrícola de cada terreno. Esto era cobrado de acuerdo a la parroquia a la que pertenecían los terrenos. Este impuesto se pagaba antes que todos los demás.

El derecho de propiedad se encuentra totalmente restringido al nivel de servidumbre.

Como si toda esta carga fuera poco, además, los agricultores estaban generalmente obligados a vender en las condiciones fijadas por el reino y los señoríos. No pueden sembrar y cultivar lo que quieren. El reino fija una serie de limitaciones y prohibiciones. En 1731 el Concejo del Rey prohibe todos los nuevos cultivos de viñedos. No pueden vender, una vez recolectada, su cosecha sin autorización del juez del lugar. En todos los alrededores de Paris, los productores de forraje no podían sino venderlo solamente en Paris, por ordenanzas policiales, y al precio máximo fijado por el reino. Igualmente cada tanto se les fijarán precios máximos para el trigo y los demás cereales.

Toda esta carga impositiva, ya en los Siglos XVII y XVIII, comienza a perder sentido y razón de ser.

Todos estos derechos señoriales no estaban allí por capricho o abuso de poder: inicialmente, habían tenido una razón para existir, al menos la mayoría de ellos. Cuando el feudalismo comenzaba a organizarse, el jefe militar o barón feudal debía ocuparse, y el pueblo quería que lo hiciera, de sus obligaciones militares; estrategias, armamentos, planificación, mantenimiento de los ejércitos, de la fortaleza, etc. Por lo tanto, se crea por eso la "corvea", la obligación de trabajar gratuitamente para él; él no debe perder tiempo en cosas que la población puede ayudarle a hacer. Son compensaciones de servicios. El censo, igualmente, fue una contribución económica para mantener el presupuesto de la fuerza militar comandada por él. Las banalidades se crearon porque, en lugar de usar cada uno sus hornos o molinos, les era más conveniente -y representaba un ahorro de leña y madera- fabricar el pan en los hornos comunales, que serían pasados, como todo, a la administración del barón feudal. Pero ocurre que cuando el período de constantes luchas se tranquiliza, y las poblaciones dejan de guerrear entre sí, y las guerras con otros países ya son menos frecuentes, los barones feudales, condes y duques incluídos, pasan a formar parte de las cortes reales, donde se disipan en un eterno ocio gastando fortunas en ropas, amoblamientos, monumentos, fiestas, etc. Y todo solventado con las rentas de los campesinos y de la burguesía. Los señores abandonan sus propiedades en el campo y se van a vivir a las ciudades, cerca de los palacios reales. Pronto hasta se olvidan de las tareas rurales de sus antepasados. La Iglesia en cambio, sí seguía cumpliendo con sus antiguos servicios de salud pública y educación, que eran solventados a través del diezmo parroquial. Su existencia tenía sentido, pero la de la nobleza, al contrario, había perdido ya todo significado.

Y es precisamente en este punto donde el sistema de propiedad territorial comienza a ser fuertemente atacado y severamente cuestionado por una burguesía que va creciendo en fortunas y no tiene ningún privilegio.

LA PROPIEDAD DESPUES DE 1789- Continúa>>>