El origen de la propiedad se encuentra inevitablemente ligado al origen de la familia.

En los pueblos primitivos (muchas naciones americanas, asiáticas, los antiguos griegos, la Antigua Roma) la familia monogámica como la que hoy conocemos no existía. La gente se agrupaba en clanes o gens, que eran grupos de familiares ligados por un parentesco agnático, es decir, por la línea materna. Descendían de un mismo ancestro común, del cual llevaban el apellido. Habitaban tierras comunales, y cada clan o gens compartía un lugar aislado. Estaba estrictamente prohibido el matrimonio entre miembros de la misma gens. Las mujeres se casaban con hombres de otra gens, que no vivían en el clan con ellas y los hijos. Cuando los esposos comienzan a convivir con sus esposas e hijos, se aíslan en sitios cerrados, de uso exclusivo de esa familia, y los clanes comienzan a ser patriarcales. En los textos bíblicos se encuentran ya testimonios de familias patriarcales, refiriéndose a cerca de 1.600 A.C. Sólo un hombre, el padre, el pater familiae, estará a cargo de esa familia, que a su vez, con otras, formará el clan de ancestros comunes. Y un hombre, el patriarca, será el jefe del clan de varias familias. El lugar que habitan dejará, de a poco, de ser comunal, y comenzará a heredarse en sucesión entre los hijos de la misma familia. Esa tierra será llamada patria, por ser la tierra del padre (pater). En este tipo de clanes, la mujer al casarse, pasará a pertenecer al clan o gens del marido. En las gens patriarcales de Roma ya las mujeres no heredan sucesiones de sus padres. En la Ley de las Doce Tablas (el documento de leyes civiles más antiguo romano, del siglo V A.C.) ya está establecido que sólo heredará el hijo promogénito varón; si no hubiera hijos varones, los parientes por línea masculina. De esta forma, los bienes no salen nunca de la gens paterna. La agrupación de varias gens se llamaba "genealogiæ"; la palabra genealogía significaba agrupaciones de gens, formando comunidades o tribus rurales.

Cuando los primeros pueblos germanos llegan a Francia, en los siglos IV y V, se encuentran con una sociedad romana que ya está agrupada en familias independientes patriarcales, con viviendas independientes y aisladas por franjas de terreno entre ellas, con una propiedad privada muy organizada y legislada. Y con grandes extensiones de tierras (los latifundios), trabajados por siervos, pertenecientes a los patricios ricos. Pero estos pueblos (los francos, los visigodos, los burgundios) todavía tienen su organización de clanes patriarcales, con tierras comunales y un concepto totalmente diferente de la propiedad. Y costumbres totalmente distintas con respecto a las sucesiones. En los pueblos germanos todos los hijos heredan en partes iguales. Para estos pueblos la mujer tiene una importancia mucho mayor que para los romanos: como generadora de vida, tiene un valor sagrado y profético, y ellos van a las armas para recuperar a sus cautivas. Tampoco eran exactamente monógamos; a los miembros superiores de las gens se les permitía la poligamia. Y los hijos, legítimos y naturales, tenían entre ellos los mismos derechos. La propiedad de las tierras de cultivo era entre ellos comunal: todas las gens cultivaban en la tierra común, y la cosecha se repartía en partes iguales para todos.

Dentro del Imperio Romano, agonizante ya en las Galias, los grandes patricios terratenientes habían tomado la costumbre de apoderarse de las pequeñas propiedades de los agricultores galos-romanos, ofreciéndoles protección a cambio de la transferencia del título de sus tierras. Luego les daban estas tierras en usufructo perpetuo, pero cobrándoles fuertes impuestos. Esta es la transición de la esclavitud a la servidumbre personal. Esto ocasionó que muchas familias galas romanas abandonaran sus tierras y fueran a vivir con los nuevos conquistadores francos, lo que contribuyó, en gran parte, a la caída y desmembramiento del Imperio Romano.

Pero, lamentablemente la historia, en el curso de 4 siglos, se volvió a repetir. Los francos logran apoderarse de más de dos tercios del territorio romano en las Galias y se lo reparten entre todos. Y van formando, como ya vimos, agrupaciones comunales gentilicias bajo el mando de un jefe militar común, que será el barón o señor asignado para la conducción militar de la defensa. Estos señores a su vez formarán parte de condados, y éstos de ducados, hasta llegar a establecer una jerarquía preponderante: el rey. En esta mezcla, en esta convivencia de los pueblos germanos francos con los galos romanos, se empiezan también a mezclar las costumbres de ambos.

Inicialmente las tierras de cultivo eran comunales y trabajadas por determinados clanes o familias en períodos estacionales; de a poco, las mismas familias se irán quedando siempre en las mismas tierras y las irán transmitiendo a sus hijos. Los francos tienen una nueva organización social, y deben sustituír el antiguo Estado romano por otro nuevo. Por lo tanto, la monarquía se rodea de galos romanos, más cultos, que manejan la lectura y la escritura, y conocen las leyes, y comienzan a asimilar parte de sus códigos y justicia. Ya en los siglos VIII y IX vemos señores feudales, afianzados en sus posiciones, conservando los cargos entre familias (y heredándolos, junto con las tierras), y ya no siendo elegidos por asambleas populares; encerrados en sus fortalezas, y ofreciendo protección militar y jurídica a los pequeños propietarios a cambio de la transferencia a su nombre de sus tierras. Y usarán el mismo sistema: se las darán en usufructo, a cambio del pago de fuertes impuestos, pagaderos en cultivos, trabajo personal o en moneda, que poco a poco se harán haciendo más numerosos y más caros. Van desapareciendo los campesinos libres. En la época de Carlomagno, (siglo VIII) en un catastro censal de la abadía de Saint-Germain-des-Prés, de 2.788 hogares, hay más de 2.770 colonos y sólo 8 campesinos libres independientes.

De esta manera se crean dos tipos de propiedad, que son las que quedarán establecidas en todo el Ancien Régime:

- La Propiedad Directa, que pertenece al señor feudal, y

-La Propiedad Util, que es la tierra dada en usufructo por él.

Cuando hablamos de estos tipos de propiedades, debemos entonces tener en claro que más del 90% de la población de Francia eran propietarios de esta manera. Tenían una semi-propiedad, por decirlo así, la cual podían usar para vivir, y cultivarla, pero no transmitirla en sucesión; cuando morían, volvía al señor, quien si quería, se la volvía a dar a los hijos del difunto. En el caso de permitirles transferirla, lo cual podía también en ciertos casos ocurrir, el señor feudal se guardaba un derecho de preeminencia sobre la venta: él podía, pagando una suma estipulada, recuperar su propiedad anulando la venta.

Veamos cómo se manejaban estos tipos de propiedades en el Ancien Régime.

LA PROPIEDAD EN EL ANCIEN RÉGIME - Continúa>>>>